Como bien decía el Demonio Antonio en su biografía carnavalesca, ambas comparsas ni se miraban a la cara. Los que antes habían sido amigos habían pasado a cruzarse miradas de odio por culpa de esta maldita fiesta. Todo esto alcanzó una traca final una noche carnavalesca en pleno barrio de la viña.
Quizás fuera el destino ( o un organizador con mala leche ) lo que propició que La Revolución coincidiera con la otra agrupación del sabina presentada a concurso, la chirigota Vota Picha. Estos dos grupos coincidieron en el tablao sito en la calle Cristo de la misericordia, en pleno corazón del barrio viñero.
Cuentan los muy entendíos, los muy chismosos y los cotillas del lugar, que al termino de la actuación de Vota Picha en dicho tablao se toparon con La Revolución bajando la escalerilla. Todo estaba en orden e incluso algunos chirigoteros ya estaban embarcando para acudir a otra actuación. ¿Todo en orden?. Para nada. En un abrir y cerrar de ojos se escuchó un “¿¡Tu que coño miras!?” seguido de un ¡Crock!. Si amigos, el director de la comparsa, ofendido y agraviado por las desafiantes miradas del autor de la chirigota, El Sabina, que estaba por allí, propició un sonoro cabezazo en la testa del afamado filósofo.
Ni que decir tiene que, El Sabina, manando sangre cual búfalo herido salió raudo y veloz en busca del resto de la manada con la intención de buscar auxilio, amén de algún machote que le ayudara a limpiar esta afrenta. Me cuentan los chismosos que, al contrario de la solicitada ayuda lo que recibió fue una tormenta de carcajadas e incluso algún que otro “¡carajote!”. Ahí quedó la hazaña que dio viveza a los mentideros carnavalescos convirtiéndose en la gran comidilla de la semana de carnaval de 2002. Por si no habíamos tenido bastante si no quieres arroz ahí tienes dos tazas.
Pero no vayan a pensar ustedes que esto importa algo. Ni muchísimo menos. Cádiz es el único sitio en el mundo donde puedes pasar de cagarte en los muertos de un tio a besarle la frente en poco tiempo. Sirva como ejemplo esto:
